- Cuando careces de tiempo suficiente para realizar las tareas importantes propias de tu puesto.
- Cuando es necesario o conveniente desarrollar profesionalmente al empleado para que en el futuro sea capaz de asumir determinadas responsabilidades.
Por otra parte, no conviene delegar tareas como:
- Actividades específicas de dirección, como la definición de objetivos y planes estratégicos.
- Asuntos especialmente importantes.
- Resolución de situaciones de crisis o emergencia.
- Tareas que implican el manejo de datos confidenciales.
Fuente: adrformacion.com




