El cliente es irrespetuoso o agresivo: Nadie merece ser maltratado. Insultos, amenazas o comportamiento hostil nunca son justificables, sin importar el motivo de su queja.
El cliente solicita algo fuera de las políticas: Si las políticas de la empresa son claras (por ejemplo, plazos de devolución, garantías), no se puede hacer una excepción solo porque el cliente lo exija.
El cliente manipula o miente: Si el cliente proporciona información falsa para obtener un beneficio (como mentir sobre un producto defectuoso o un envío no recibido).
El cliente no cumple con su parte: Si no siguió instrucciones claras (por ejemplo, mal uso de un producto, incumplimiento de términos de pago), la responsabilidad no recae en la empresa.
Las exigencias son imposibles o irrazonables: Un cliente que espera resultados inmediatos o soluciones que no existen, como descuentos excesivos o servicios que la empresa no ofrece, no tiene la razón.
Perjudica a otros clientes: Por ejemplo, si un cliente intenta acaparar inventario limitado o pide un trato preferencial que afecta a otros, no tiene justificación.